Queda aún más de una hora para el encuentro y Lula M. y Nora A. hacen juntas una larga cola, ambas con la camiseta de su selección, para entrar en el centro de la juventud de Barbes, uno de los barrios más multiculturales de París, donde se va a proyectar gratis el partido entre Francia y España. Saben que será complicado lograr la victoria. Los padres de Nora nacieron en Senegal y Lula vive en un distrito acomodado “algo lejos de aquí”. Ambas se conocieron en una beca Erasmus en Madrid y vienen a defender a su selección, “la de esa Francia en la que no hay franceses”, ironiza entre risas Nora, en referencia a la polémica desatada tras el artículo del expresidente Mariano Rajoy.
“El problema es que hay mucha gente que no sabe cómo se ha construido Francia. Aunque nuestros padres o abuelos no hayan nacido aquí, como es mi caso, nosotros sí. Hay que cambiar la mentalidad, no de los políticos, sino de la gente, porque ser francés no tiene que ver con dónde has nacido, sino con el lugar donde has crecido, con tu lengua, con tu cultura y tus referencias”, dice Nora, de 21 años.
Ninguna de las dos vive en este barrio popular del norte de la capital, como muchos otros, pero esa larga cola que da la vuelta a la manzana llena de jóvenes que esperan para acceder a esta fanzone sin tener que pagar los elevados precios de las terrazas es una estampa de lo que representa este barrio, una de las principales arterias de la Goutte-d-‘Or, uno de los barrios más populares y multiculturales de la capital: hay blancos, negros, magrebíes, mujeres con sus coloridos trajes africanos y también otras con el velo islámico.
Melanie Ibrahim y Kassim Ahamada Ali, 20 y 27 años, y su grupo de amigos tenían la esperanza de ver ganar a Francia, donde nacieron ellos, aunque sus padres a miles de kilómetros, en las islas Comoras, en el Océano Índico. Ella asume que “con España esta vez es la primera vez que nos enfrentamos a un rival a nuestra altura, aunque perdamos”.
“Lo bueno que tiene Francia es la mezcla que puedes ver en todas estas calles. No somos blancos, pero todos amamos esta selección, aunque no gane. Vivimos aquí, pagamos impuestos y contribuimos a la economía. Somos franceses como todos los demás”, reivindica ella. Al principio reticente a hablar, sentencia, en referencia a la polémica desatada por Mariano Rajoy: “Todo eso empaña la imagen de España, pero creo que los verdaderos españoles no piensan así”, señala.
“España tiene a Lamine Yamal, que, aunque tiene otros orígenes, es el mejor jugador de la selección española”, ilustra Lenny Maboundou, de 22 años, de origen congolés. “Nuestros padres y nosotros también hemos construido Francia”.
A margen de la polémica desatada por Mariano Rajoy, el encuentro de este martes tenía mucha carga simbólica, pues se celebraba el 14 de julio, día de la fiesta nacional, tras el último desfile militar con Emmanuel Macron como presidente. Este martes se cumplía también el décimo aniversario del atentado de Niza en el que murieron 86 personas.
Si el encuentro frente a Marruecos en cuartos ya era de alto voltaje, este no lo era menos, pues ya en la última Eurocopa de 2024, Francia cayó ante España en semifinales y, como decía Nora: “Esta vez nos tocaba ganar”. El Ministerio del Interior había desplegado unos 70.000 agentes en todo el país ante el temor a posibles altercados, sobre todo si ganaba Francia, como ocurrió en la final de la Champions de mayo, con más de 800 detenidos.

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