La Casa Blanca se abalanza contra un senador demócrata por hablar de Natalie Harp, la “impresora humana” de Trump

hace 1 dia 60

Natalie Harp, de 35 años, siempre está solícita e impecable al lado de Donald Trump para lo que necesite. Sobre todo, buscar, recibir e imprimir los documentos que debe leer el presidente estadounidense, quien insiste en revisarlos en papel y en formatos específicos. Hasta tal punto es tan omnipresente y con las hojas siempre tan a mano que uno de sus apodos es “impresora humana”. Y hasta tal punto el republicano la aprecia que, a petición expresa del mandatario, fue una de las tres personas que viajaron ocultas con él cuando, a su regreso de la cumbre de la OTAN en Ankara, cambió de avión en secreto por temor a un atentado. Su simbiosis laboral con el dirigente es tan absoluta que un senador de la oposición demócrata se ha referido públicamente a ese fuerte vínculo en un discurso —y ha desatado la ira de Trump y de toda la Casa Blanca.

El senador Jon Ossoff, de Georgia, lucha por su reelección en las elecciones de noviembre. Y, en caso de ganar, se le considera un probable candidato presidencial demócrata. El domingo aludió a Harp durante un discurso en Atlanta para poner en duda que Trump quiera cumplir las funciones de su cargo.

“Mientras los marineros en el [portaaviones USS Abraham] Lincoln luchan en la guerra que él ha lanzado, mientras él agota inútilmente nuestras reservas de munición y petróleo, el presidente se duerme en sus reuniones, juega al golf y se dedica a invertir en acciones”, apuntaba. “No quiere hacer este trabajo. Quiere construir su salón de baile [en la Casa Blanca] y viajar con Natalie [Harp] en su palacio volante, aparentemente desprotegido, un regalo del emir de Qatar”, agregaba, entre los aplausos de su público.

El presidente Donald Trump redacta un mensaje para las redes sociales ayudado por Natalie Harp y bajo la mirada del vicepresidente J.D. Vance Daniel Torok (Casa Blanca) (White House)

Quizá por la posibilidad de tener a Ossoff como candidato demócrata en las elecciones de 2028. Quizá porque Harp es una integrante del círculo más cercano e intocable de allegados al presidente. Quizá por la predilección que Trump tiene hacia su colaboradora. Pero apenas horas después de las palabras del senador, la Casa Blanca sacaba su caballería en redes sociales para lanzarse a la yugular del político rival.

“El mayor blandengue y perdedor que hay en política”, le criticaba el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, en un mensaje. “Un teatrero afeminado que imita a [el expresidente] Barack Obama”, escribía el portavoz presidencial Davis Ingle en otro, en el que defiende a Harp como “una de las ayudantes más leales y trabajadoras del equipo del presidente Trump”.

Que las palabras del senador habían tocado un nervio especialmente sensible terminó de quedar claro horas más tarde, cuando el propio Trump compareció en un acto en el Despacho Oval. Una periodista de la CNN, Kristen Holmes, le preguntó por el comentario de Ossoff. Trump se fue por las ramas.

Pero casi de inmediato, una cuenta oficial de la Casa Blanca en la red social X publicaba un mensaje dirigido a Holmes: “Un día, tus hijos se toparán con tu pregunta asquerosa e inhumana. Se sentirán avergonzados y tendrán náuseas por tener una madre tan cruel y vengativa. Es bastante preocupante”.

La mano derecha de Trump

Harp, cuya mención ha desatado la nueva polémica, es una de las personas de mayor confianza de Trump, asistente personal, mano derecha y fuente de información. Siempre junto a sus imprescindibles ordenadores e impresoras portátiles (y sus baterías), rubia, alta, y perpetuamente impecable, es una presencia constante, y muy visible, al lado del presidente estadounidense, al que acompaña a sus actos oficiales, visitas al extranjero y salidas de fin de semana, incluidas a su residencia en Florida, Mar-a-Lago, o su club de golf en Bedminster, en Nueva Jersey. Es, según los periodistas Maggie Haberman y Jon Swan, autores del reciente libro Regime Change (Cambio de Régimen) sobre el primer año del nuevo mandato de Trump, “la más devota” hacia el presidente de todo el equipo de asistentes.

Haberman, considerada la cronista más minuciosa del primer mandato de Trump, ha apodado a Harp como “la mantita” del presidente, por lo mucho que el mandatario recurre a ella para recibir información, gotas de humor o apoyo moral. Como responsable de imprimir lo que el antiguo magnate inmobiliario lee, el poder de esta ayudante personal es inmenso: filtra y configura lo que le llega al presidente y, con ello, cómo el mandatario percibe la realidad. También es una de las responsables de redactar y enviar algunos de los mensajes publicados en las cuentas del presidente en redes sociales.

Hija de una familia cristiana protestante conservadora de California, y educada en universidades confesionales, Harp comenzó a ser conocida en los círculos de la trumpesfera en 2019, cuando contó su historia personal en una entrevista en Fox News, la cadena de televisión favorita del presidente: había padecido cáncer de hueso y, según ella, había podido superarlo solo gracias a las políticas sanitarias del republicano. A partir de entonces, se fue convirtiendo en una presencia asidua en los mítines del presidente durante su campaña de reelección en 2020, incluida una comparecencia en la Convención Nacional Republicana de ese año.

Natalie Harp en su intervención ante la Convención Nacional Republicana en 2020Republican National Convention (Reuters)

De ahí saltó a la muy conservadora cadena de televisión One America News Network, donde se convirtió en una de sus presentadoras y defensora acérrima del presidente. No se quedó ahí. En 2022, Trump se encontraba en sus horas más bajas después de haber perdido la Casa Blanca, el Partido Republicano le daba la espalda y solo un puñado de irreductibles le acompañaba en Mar-a-Lago para escuchar sus quejas constantes de que los resultados de las elecciones de 2020 fueron un fraude y él fue el ganador legítimo de aquellos comicios. Ella renunció a su puesto frente a las cámaras y comenzó a trabajar para él en su equipo de campaña electoral.

En Regime Change, Haberman y su coautor, Jon Swan, relatan que Harp —“la más entregada de todos sus asistentes”— solía escribirle cartas personales que le dejaba en lugares personales para que las viera, en las que le decía cosas como “tú eres todo lo que me importa”, o “quiero traerte alegría”. Hasta el punto que, según el libro, Susie Wiles, actual jefa de Gabinete de Trump y que entonces se incorporaba como directora de campaña, se preguntaba al ver aquello: “¿Dónde estoy?“.

Trump, a su vez, ha asegurado a su equipo alguna vez que Harp le quiere tanto como los miembros de su propia familia. “Todos vosotros os acabaréis marchando para ganar dinero”, les ha comentado, según Haberman y Swan, “Ella nunca me dejará”.

Al regreso de Trump a la Casa Blanca, se convirtió en su asistente personal, responsable de hacerle llegar noticias positivas y comentarios en redes sociales que él pudiera considerar interesantes.

En julio, el Servicio Secreto recibió notificaciones sobre la posible intención iraní de atentar contra el presidente tras la cumbre de la OTAN en Ankara esos días, en su vuelo de regreso a Washington a bordo del flamante Air Force One que le había regalado el emir de Qatar y que acababa de entrar en servicio. Los responsables de la seguridad presidencial optaron por un plan secreto: el avión nuevo se descartaría, y en público se anunciaría que el mandatario volaría en la aeronave antigua. Allí subieron varios de sus más altos cargos: el secretario de Estado, Marco Rubio, o el del Tesoro, Scott Bessent. También la prensa que cubre al presidente, sin sospechar que el aparato pudiera ser objetivo de un ataque.

Mientras tanto, el presidente, oculto en un contenedor de catering, se trasladaba a un tercer avión, con el que cubrió el trayecto. Solo un puñado de los asesores de mayor confianza estaban junto a él. Entre ellos, su guardaespaldas y ayudante personal, Walter Nauta; su jefe adjunto de Gabinete y asesor desde hace años, Dan Scavino. Y “la más entregada de todos”: Natalie Harp.

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