¿Quiénes son esas mujeres? El verano que no salí de casa (ni del armario) por ‘Pasión de gavilanes’

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Todos los días a partir de las 16.00, tras, probablemente, comer con mi madre un buen plato de macarrones tiburón o una merluza fresca con patatas de mi abuela, me tumbaba como una fiera inquieta en aquel sofá de cuero negro que tantas veces compartí con mis padres. Tenía 16 años y, mientras todo el mundo hacía la digestión para ir a la piscina de mi pueblo, yo me quedaba fantaseando con las posibilidades del amor romántico —y probablemente tóxico— mientras veía la nueva telenovela de Antena 3, Pasión de Gavilanes. Era 2005 y durante aquel verano la gente no dejó de preguntarse y de cantar quiénes eran aquellos hombres, los hermanos Reyes. Mientras, yo me preguntaba también quiénes eran aquellas mujeres de las que se querían vengar, las hermanas Elizondo.

Norma, Jimena y Sara llegaron a la televisión nacional pocos días antes de que España aprobase la ley de matrimonio igualitario. Y de aquel momento histórico tengo grabada una contraportada de La Voz de Galicia en la que salían dos chicas vestidas de blanco y un titular: “La primera boda lésbica de la Costa da Morte”. Por aquel entonces mi gran referente —obviamente televisivo y no real—, había sido Diana, el personaje que Anabel Alonso interpretó durante muchos años en la mejor serie española de la historia, 7 vidas. Lo que pasa es que yo todavía no sabía lo que era un referente, ni que ella lo estaba siendo, solo llamaba mi atención, como Boris Izaguirre cuando se bajaba los pantalones en Crónicas Marcianas. Entender todo lo que me atrapaba, como muchas otras cosas importantes de la vida, fue una cuestión de tiempo. Pasión de Gavilanes incorporó a una pareja homosexual en su regreso en 2022 de su estreno, casi 20 años después. Supongo que nunca es tarde si el final es bueno.

En realidad, esta telenovela colombiana cargada de drama y basada en Las aguas mansas apareció en las pantallas en octubre de 2003, pero llegó a España dos años más tarde. Cuando emitieron los 188 capítulos de la primera temporada durante siete meses en la televisión nacional, la cadena pública de Galicia ya se había arriesgado. Su intensidad ya había sido objeto de imitación en el patio de mi instituto, y su banda sonora, la canción de aquel verano. “¿Quién es ese hombre que me mira y me desnuda?”, decía la letra de Fiera inquieta. Pero lo cierto es que yo lo que quería en ese momento era saber qué mujer era yo y sobre todo, qué mujer quería ser, una persona en la que me convertiría años más tarde cuando entendí cuántas veces había deseado más a ellas que a ellos.

No tuve pareja oficial hasta los 27 años, aunque antes me enamoré de forma imposible muchas veces. Pero poco a poco, me liberé. Cuando me concentré, supe ver que aquella chica lesbiana de la universidad me llamaba tanto la atención por algo. Solo tardé 21 años en darme cuenta que el amor tenía muchas más posibilidades de las que creía, y menos mal. Y ahora pienso ‘¿Quería acercarme porque me gustaba o por qué quería ser como ella?’ Probablemente las dos. Ella fue una de las puertas del armario que acabé derribando por completo seis años más tarde. Desde ese momento y hasta hoy no dejo de echar la vista atrás y acordarme de Maca y Esther en Hospital Central, para muchas, la primera gran pareja lésbica de la parrilla. O de Los Serrano —era tan fan que grababa los episodios en VHS—, que optó por blanquear o entender antes un incesto entre hermanastros que optar por una sencilla trama homosexual. ¿Por qué hacer algo fácil tan difícil? Pero también me acordé de que incluso antes, cuando veía Compañeros y Al salir de clase —que emitió el primer beso homosexual de la historia de la televisión española―, las relaciones entre personas del mismo sexo o papeles LGTBIQ+ eran tramas bastante secundarias y desnaturalizadas que suponían más un problema que algo sencillo. Una especie de spoiler de escenas que seguimos viviendo todavía hoy, a pesar de que la sociedad y la televisión sean completamente diferentes: personas y relaciones que no saben qué les pasa o que viven ocultas y no pueden decir libremente quiénes son y a quiénes aman. Así que da igual el tiempo que necesitéis, nunca dejéis que secuestren vuestro guion, aunque sea como el de una telenovela colombiana.

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