Podría datarse la fecha en que los escritores aprendieron a abrazar públicamente su devoción futbolera. Fue en 1969, a raíz de un artículo del genio Manuel Vázquez Montalbán en la revista Triunfo, según atestigua el periodista Ramón Besa (Barcelona, 1958). ¿Su título? “Barça, Barça, Barça”. Hasta ese momento, la relación entre un arte que, precisamente, destaca por su hondura para retratar las emociones humanas y una pasión tan universal como el fútbol —ELCLÁSICO se sigue en todo el mundo— estaba peor vista, los intelectuales se resistían a parecer tan mundanos.
Menos mal que eso cambió y algunas de las mejores plumas desde la mitad del siglo pasado han filtrado con su escáner lo mucho que esconde cada duelo que enfrenta a un FC Barcelona y un Real Madrid que, en esta ocasión, se juegan el todo por el todo: el título liguero pasa por vencer en el Estadio Olímpic Lluís Companys el próximo domingo; son solo cuatro los puntos que los blaugranas le sacan a su perseguidor; el tropiezo, para cualquiera, supondrá un alto coste).
“Es un rumor inicial que culmina con un estrépito”
Así arrancaba Vázquez Montalbán la crónica en la que describía los millares de personas que desfilaban por las avenidas aledañas al Camp Nou. Pura sociología culé en unas líneas. Con Vázquez Montalbán como icono intelectual de los blaugranas, en 1980, según cuenta Besa, el entonces jefe de la sección de Deportes de EL PAÍS, Julián García Candau, decidió establecer en las páginas del diario un clásico literario durante las previas del que se jugaría en el césped.

La imagen y el texto han sido elaborados con inteligencia artificial por ChatGPT de OpenAI.
El Quijote
CAPÍTULO LXXXVIII. De cómo don Quijote de la Mancha, llevado de su invencible espíritu caballeresco, acomete a socorrer a dos bandos en fiero torneo llamado fútbol, y de las extrañas cosas que en tal empresa le sucedieron.
Leer más
Cuenta la historia —si es que la historia no miente, que algunas veces suele ser madrasta de la verdad— que, en uno de sus muchos caminos, don Quijote de la Mancha y su fiel escudero Sancho Panza llegaron a las puertas de una gran ciudad, más populosa que las cortes de Babilonia y más ruidosa que el mercado de Toledo en día de feria.
Allí vieron un grandísimo edificio, de muros altos y redondos, lleno de gentes vociferantes, tocadas con pañuelos de múltiples colores, ondeando pendones que más parecían mares de seda agitadas por viento recio.
—¿Qué castillo o encantamiento es este, Sancho? —preguntó don Quijote, reparando en los gritos, músicas y algazara.
—Señor —respondió Sancho—, me dicen que aquí se celebra cosa llamada partido de fútbol, donde los caballeros del Real Madrid y del FC Barcelona se baten no con lanzas ni espadas, sino pateando una pelota como mozos de aldea.
—¿Pelota dices, Sancho? —dijo don Quijote—. ¿Y no defienden dama alguna? ¿Ni reina, ni princesa?
—¡Qué dama ni qué princesa, señor mío! —replicó Sancho riendo—. Aquí cada cual defiende su orgullo, su escudo y sus colores, y más ruido hacen que en justa, pues mayor es la algarabía de las gentes del graderío ante un gol que ante el derribo de su corcel de un joven.
Movido por su espíritu andante y su afán de favorecer a los menesterosos, don Quijote se adelantó entre la muchedumbre, abriéndose paso con Rocinante, que no era menos torpe en plazas que en campos, hasta el mismo centro del prado verde.
Y apenas vio el balón rodar, creyó, en su desvarío, que era cabeza encantada que los jugadores intentaban liberar del hechizo a puntapiés, y, arremetiendo con su lanza, dio tal grito que estremeció a propios y extraños:
—¡Deteneos, caballeros locos! ¡No es justo ni cortés ultrajar tan sin medida a quien, acaso, fuese príncipe convertido en cuero por artes del sabio Frestón!
Mas los jugadores, no entendiendo palabra de sus razones, siguieron en su labor, y uno de ellos, robusto como Hércules, lanzó la pelota que fue a dar de lleno en el yelmo de don Quijote, haciendo que éste rodase por los suelos como saco de cebada.
Corrieron los porteros a socorrerle, y aun algunos aficionados, que lo creyeron parte de una mascarada, aplaudieron su caída como si de burla se tratase.
Sancho, viéndolo maltrecho y confundido, acudió presuroso:
—¡Levantaos, señor mío, que ya veis que no son gigantes ni encantadores, sino mozos que ganan su pan pateando pellejos!
A lo que don Quijote, medio aturdido, respondió:
—Bien veo, Sancho, que en este mundo de hoy, los caballeros ya no miden su valor con espada, sino con pie ligero. Mas juro por Dulcinea que no por ello dejaré yo de acudir donde me llame la honra y el deber.
Y así, maltrecho y confundido, pero nunca vencido en su espíritu, abandonó el estadio entre aclamaciones de risa y asombro, pensando que, quizás, los tiempos habían mudado más que los corazones de los hombres.
FIN DEL CAPÍTULO
El primer escritor en defender al conjunto madrileño fue Jesús Fernández Santos (Madrid, 1926-1988), novelista, premio nacional de Literatura y cineasta. Sin embargo, a su fallecimiento, se estableció el que quizá sea el duelo más recordado: por el Barça, claro, Vázquez Montalbán; y por el Real Madrid, Javier Marías (Madrid, 1951-2022), autor de una de las definiciones de lo que el fútbol significa para los aficionados que ha pasado a la posteridad: “la recuperación semanal de la infancia”.
Presentación del libro 'Salvajes y sentimentales', con los textos sobre fútbol de Javier Marías, publicado por Aguilar en el año 2000.Vázquez Montalbán y Javier Marías coincidieron en las páginas deportivas del diario ante cada duelo, una cita ineludible que merece antología. Recuerda Besa las palabras de Vázquez Montalbán, para quien los resultados del Barça eran su “cordón umbilical con la vida, el síntoma de que todavía conservaba una cierta tensión energética”.
Reconoce el periodista que, como culé confeso, pocas definiciones de su equipo, visto desde la otra orilla, le han llegado tanto al alma como la que trazó Marías: “Un club artístico y frágil, tradicionalmente exquisito y melancólico, con jugadores delicados y dados a la depresión. El que mejor poseía históricamente la percepción de la derrota”. Porque, para Marías, sin “sentido del dramatismo”, sin que cada partido signifique el mundo entero, el fútbol perdía su magia.
Homenaje a Manuel Vázquez Montalban tras su fallecimiento en 2003 durante la previa del partido entre el FC Barcelona y el RC Deportivo de la Coruña.Cuando en 2003 falleció Vázquez Montalbán, Marías le dedicó una columna, ‘En la lealtad mayor’, se llamaba. Cuenta que estuvieron juntos, en persona, una sola vez; que el mismo chófer pasó a recogerlos a ambos para un festival literario, y que Vázquez Montalbán llevaba los auriculares puestos para escuchar al FC Barcelona. Escribió Marías:
Futbolero como soy, respeté su casi total mudez de hora y pico de viaje, no me empeñé en darle conversación. Al fin y al cabo, pensé, yo haría lo mismo, seguir los partidos si tuviera valor. Así que aquel trayecto transcurrió en un silencio que, sin embargo, no me fue embarazoso. Y quise creer que quizá mal no le caía, a la postre, cuando al cabo de un buen rato me dirigió la palabra de nuevo para comunicarme algo que a él no le alegraría, pero a mí sí. ‘Ha empatado el Madrid’, me dijo”.

La imagen y el texto han sido elaborados con inteligencia artificial por ChatGPT de OpenAI.
Soneto de ELCLÁSICO
Luce ELCLÁSICO, febril constelación;
Vinícius quiebra defensas con hechizo;
Pedri responde, bordando suave aviso;
Bellingham firma traviesa exclamación.
Lewandowski acecha con resolución;
Modrić destila un viejo paraíso;
balón roza el confín más indeciso,
y el duelo arde sin tregua ni perdón.
Cruje el banquillo temiendo la factura;
la afición brama cobrándose un halago;
la gloria pende de frágil costura.
Surge un tacón que improvisa otro amago,
brilla el lauro, promesa bien segura,
y el lunes pagará cada pecho su estrago.
Leer más
Al relevo de Vázquez Montalbán (que hasta para cocinar, otra de sus grandes pasiones, vestía la camiseta azulgrana de Iván de la Peña) en ese clásico literario podrían haber aspirado legítimamente escritores como Jordi Puntí, Sergi Pàmies o el mexicano Juan Villoro, que gracias a un llavero que le regaló su padre mantuvo desde niño vínculos sentimentales con el club y dejó por escrito sentencias tan culés como esta sobre Guardiola, de quien afirmaba que encarnaba “la demostración de que la belleza puede ser una forma de eficacia”. Sin embargo, relata Besa, el testigo lo tomó nada menos que Enrique Vila-Matas, otro gigante.
Fue Besa quien moderó, en 2006, el cara a cara que protagonizaron durante uno de los enfrentamientos FC Barcelona-Real Madrid de aquella temporada Vila-Matas y Marías. El autor de Corazón tan blanco, cuenta Besa, “llegó como si de veras fuera el capitán de su equipo”. “Trajo una copia de su álbum de cromos del Real Madrid de 1958 y se lo ofreció a Vila-Matas; ‘¿Qué me has traído tú?’, le preguntó. Se tomó la liturgia tan en serio que pareciera que empezaran ya ganando 0-1”.
Las “lealtades mayores”, como las describía Marías, residen en esas cosas que parecen nimias y no lo son: uno cambia de muchas cosas, pero no de equipo. “Si tu equipo pierde, los problemas se aparecen más graves e irresolubles al día siguiente y uno se resiente más de las injusticias”, escribió. Es la sentimentalidad que mueven uno y otra lo que une a fútbol y literatura. ¿Cuáles fueron las tres últimas palabras del obituario de Marías a su antagonista Vázquez Montalbán? “Visca el Barça”.

La imagen y el texto han sido elaborados con inteligencia artificial por ChatGPT de OpenAI.
«¡Adelante, caballeros!»
Una breve escena de hinchas escrita al modo de Lope de Vega
(Una plazuela. Don Pedro, aficionado del FC Barcelona, y Don Diego, del Real Madrid. Cada uno luce bufanda y pendón de su bando. Hablan con pasión mientras el gentío pasa)
Don Pedro
(agitando su pañuelo blaugrana)
¡Válgame el cielo, Don Diego! ¿Tan ufano vais al lance,
como aquel que, sin combate, ya presume de su trance?
Don Diego
(mostrando su bufanda blanca, risueño)
¿Y vos, Don Pedro, pensáis que el clamor de vuestra grada
vence a quien, por fuerza y genio, trae la historia consagrada?
¡Que el Madrid jamás se arredra, ni su estrella se desgasta!
Don Pedro
(pisando con brío)
¿Y qué importa historia ilustre si el coraje se retrasa?
Hoy el alma manda al músculo,
y el Barça es fuego que nunca pasa.
¡Hoy danzarán los blancos a nuestro son,
como hoja que al viento abraza!
Don Diego
(con sorna)
¡Bah! ¡Mucho ardor y pocas dianas!
Que ya sabéis cuán fácilmente
el verbo azulgrana en humo se desgrana.
Hoy el Madrid, con temple y con ciencia,
tomará la victoria como Dios manda.
Don Pedro
(riendo)
¡Veremos, Don Diego, veremos!
Que en campo llano todos son iguales,
y no hay hazaña vieja ni memoria
que salve al flojo de sus males.
¡Que el Barça juega cual rayo y centella!
Don Diego
(con una reverencia burlona)
¡Pues Dios reparta la suerte, caballero!
Y guarde a vuesa merced de desconsuelo,
que el fútbol es arte, valor y destreza...
y no hay quien venza sin noble entereza.
Leer más
ELCLÁSICO del desenlace
Llega el partido de los partidos, ELCLÁSICO más decisivo de este siglo. Solo en 2012 se enfrentaron FC Barcelona y Real Madrid a falta de tan pocas jornadas con el título en juego.
De ganar los de Hansi Flick, abrirán una brecha de siete puntos a falta de tres fechas. E, igualmente, el único camino hacia la 37ª de los de Carlo Ancelotti pasa por vencer en el Estadi Olímpic Lluís Companys. Uno de los mejores partidos planeta fútbol se vivirá con la tensión de una verdadera final.
Créditos
Diseño Juan Sánchez con ChatGPT
Desarrollo Rodolfo Mata
Coordinación editorial Juan Antonio Carbajo
Coordinación de diseño Adolfo Domenech

hace 1 año
14








Spanish