Sacar la cartera se ha convertido en una actividad de alto riesgo en 2022. Desde las facturas de la casa hasta la compra semanal, todo se ha encarecido considerablemente en un ejercicio en el que la inflación tocó máximos de casi cuatro décadas. Eso fue en julio y, desde entonces, se ha ido relajando progresivamente. Al acabar el año se sitúa en el 5,8%, según el dato adelantado de diciembre que ha publicado este viernes el Instituto Nacional de Estadística (INE). Se trata del quinto mes consecutivo de descenso, con un punto menos que el dato de noviembre (6,8%). La inflación de diciembre es la más baja del año, rebajando el 6,1% de progresión con que el Índice de Precios al Consumo (IPC) empezó el año. Y es la primera vez desde febrero de 2021 en que España registra una inflación más baja que la de un año antes: el indicador se situó en el 6,5% el pasado diciembre, cuando todavía no se había iniciado la guerra de Ucrania pero la energía ya experimentaba grandes tensiones de precios como consecuencia de la reactivación económica poscovid.
Lo que no afloja es la inflación subyacente, que acaba 2022 en el 6,9%. Este dato es importante porque se considera un indicador de la evolución de los precios en el medio plazo, ya que elimina alimentos frescos y productos energéticos por considerarlos muy volátiles. De hecho, mientras la tasa general ha experimentado un notable descenso desde agosto, en la subyacente marca un nuevo pico, por encima del 6,4% que marcó en agosto.
Un año marcado por la inflación
Con el dato conocido este viernes, que el instituto estadístico deberá confirmar a mediados de enero, acaba un año marcado por la subida de precios. “La inflación empezó el año anterior”, recuerda María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas, “pero es cierto que a raíz de la guerra de Ucrania se ha agravado por los efectos sobre el mercado del gas y sobre ciertos mercados muy vinculados a la agricultura”. La cima se alcanzó en el séptimo mes del año, cuando el IPC progresó un 10,8% interanual, y desde entonces España ha vivido una relajación progresiva de la inflación hasta situarse en noviembre como la economía de la Unión Europea con el indicador más bajo.
Tras el aumento del coste de vida se encuentran multitud de efectos que han golpeado la economía, como el viraje radical en la política monetaria del Banco Central Europeo (cuya misión es velar por mantener la inflación en el 2%) y el consecuente encarecimiento de las hipotecas variables. Pero Fernández destaca que, sin embargo, el crecimiento económico no parece haberse resentido (se espera que el PIB crezca en España este año por encima del 5% y de lo que todos los análisis pronosticaban hace medio año) porque los altos precios “todavía no han limitado la actividad industrial y tampoco el consumo”. En ambos apartados, particularmente en el del consumo que ha contado con el apoyo inestimable de la recuperación de turismo este 2022, es posible para la experta que “el año que viene notemos más ambos efectos”.
Porque lo que parece seguro es que, aunque declinante, la inflación se mantendrá alta en en el año que entra. Las incertidumbres sobre los mercados energéticos, aunque en un momento dulce para Europa gracias a un invierno más favorable de lo esperado, no han desparecido del todo. “La tasa de inflación bajará, pero no podemos esperar que bajen los precios o que vuelvan a los niveles anteriores a esta escalada”, recuerda Fernández. Y en todo caso, el aumento de coste de vida que han experimentado las economías occidentales en los últimos tiempos dejará un efecto duradero que marcará a muchas familias. “La pérdida de capacidad adquisitiva se mantendrá”, concluye la experta.
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