La gran reforma electoral de los demócratas choca con los republicanos en el Senado de EE UU

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Los senadores Raphael Warnock, Amy Klobuchar, Chuck Schumer y Jeff Merkley hablan para la prensa antes del inicio del voto para debatir la Ley del Pueblo.Los senadores Raphael Warnock, Amy Klobuchar, Chuck Schumer y Jeff Merkley hablan para la prensa antes del inicio del voto para debatir la Ley del Pueblo.Alex Brandon / AP

El presidente Joe Biden la ha calificado como “un paso vital para proteger la democracia”. Sin embargo, la legislación sobre derechos de voto más significativa en generaciones en Estados Unidos se hundirá este martes, casi con toda probabilidad, cuando se enfrente al escrutinio del Senado, donde encarará el obstruccionismo de los republicanos para bloquearla. Se da por hecho que ningún senador del Partido Republicano votará este martes, ni siquiera, para comenzar a debatir la legislación.

Durante un encendido discurso el pasado lunes en el Capitolio, el líder de la mayoría en el Senado, Chuck Schumer, quiso exponer la embestida de los republicanos al negarse incluso a debatir sobre esos derechos. “¿Nos dejarán nuestros compañeros republicanos al menos debatir?”, declaró el senador. “Este es el único asunto que está sobre la mesa por decidir mañana [por el martes], y creo que estamos a punto de averiguar cómo mis colegas republicanos contestarán a esa pregunta”, cerró Schumer su discurso.

El proyecto de ley en el Senado, que fue aprobado por la mayoría demócrata de la Cámara de Representantes el pasado marzo, facilitaría a las personas inscribirse para votar, requeriría a los Estados que se pudieran celebrar elecciones anticipadas al menos 15 días antes de la jornada electoral y entregaría la redistribución de los distritos sobre los que se vota a comisiones no partidistas en lugar de a las legislaturas estatales.

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Para los republicanos, la Ley del Pueblo se trata exclusivamente de un abuso de poder partidista de los demócratas y una extralimitación federal en los sistemas electorales de los Estados, que podrían llegar a impugnarla ante los tribunales. Si esta lucha contracorriente no fuera ya de suficiente peso, el caucus demócrata tiene, además, que batallar contra un miembro de su propio grupo, el senador de Virginia Occidental, Joe Manchin, cuyo voto es decisivo en un Senado partido por la mitad (50 escaños para cada formación, con el voto de desempate en manos de la vicepresidenta, Kamala Harris).

A principios de este mes, Manchin dejó muy clara su postura en un artículo de opinión publicado en el diario de la capital de Virginia Occidental, Charleston Gazette-Mail, explicando por qué planeaba votar en contra de la Ley para el Pueblo. Para el demócrata más republicano de Washington, frente a la fuerte polarización en el país, se hace necesario avanzar en forzar pactos y restaurar una agenda bipartidista. La semana pasada, Manchin hizo circular por el Capitolio un documento explicando algunos elementos de la legislación que podría llegar a apoyar (ampliar el periodo para el voto anticipado e instituir nuevos requisitos de identificación de los votantes).

Horas antes de la votación del martes, el senador demócrata por Georgia Raphael Warnock declaró que se estaban manteniendo conversaciones “productivas” entre los demócratas, pero no aclaró si Manchin había llegado a un acuerdo con su partido. Con la técnica del filibusterismo evolucionada y su teatralidad casi desaparecida, este método se escenifica en el Senado contemporáneo con una Cámara en la que las leyes se aprueban por una mayoría cualificada de tres quintos, por lo que el umbral de votos para romper un obstruccionismo legislativo se sitúa en los 60 votos.

Los demócratas buscan acabar con esa práctica desde que obtuvieron una estrecha mayoría tras las elecciones de 2020 y, por supuesto, argumentaban antes de la votación del martes que sin lugar a dudas ayudaría a defender su caso. Pero el senador Manchin vuelve a ser un importante escollo, ya que considera que lo que sus compañeros de partido buscan es “demonizar el obstruccionismo e ignorar convenientemente cómo en el pasado ha sido un mecanismo fundamental para proteger los derechos de los demócratas”.

A la cruzada de Manchin se ha unido en esta ocasión la senadora por Arizona Kyrsten Sinema, quien en un artículo de opinión publicado en The Washington Post en la víspera de la votación, advertía a su partido de que “se perdería mucho más de lo que se ganaría” al eliminar el umbral de los 60 votos. “A todos aquellos que quieran eliminar el obstruccionismo legislativo para aprobar la Ley Para el Pueblo les preguntaría: ¿Sería bueno para nuestro país si lo hiciéramos? ¿Qué pasaría si la legislación que se propone ahora es rescindida en unos años y reemplazada por una ley nacional que identifique a los votantes?”, se preguntaba Sinema.

Dieciocho Estados han promulgado más de 30 leyes que restringen el derecho al voto desde las elecciones presidenciales de 2020, cuando la tasa de participación fue la mayor en 120 años: un 67% del electorado ejerció su derecho al voto y otorgó la presidencia a Biden. Con esas cifras en mente, los republicanos desean un endurecimiento de las leyes de votación con los ojos puestos, al igual que los demócratas, en las legislativas de 2022, cuando habrá que renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 34 de los 100 puestos en el Senado, ahora en manos demócratas y que los republicanos aspiran a arrebatar entonces.

En EE UU, cada Estado fija sus propias normas sobre el sufragio. Durante la pandemia, muchos territorios flexibilizaron los requisitos para votar por correo o por adelantado, lo que contribuyó a ese récord de participación de 2020 y alimentó teorías de conspiración entre Trump y sus seguidores sobre un supuesto fraude masivo en las urnas. Por ejemplo, la ley aprobada en Georgia acorta los plazos para votar por adelantado, elimina centros electorales y hasta penaliza dar agua o comida a quienes esperan en fila para ejercer su derecho.

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