Inés López baila con el disco en los Europeos de atletismo

hace 12 horas 44

Cuando aún se apellidaba Allman, Valarie Sion era una niña esbelta que hacía ballet con gran ritmo y armonía, y cuando creció se convirtió en la mejor lanzadora de disco del mundo, 1,83, 70 kilos, pura fluidez y velocidad sensible en la jaula. Rompió el estereotipo de que para ser lanzadora había que atiborrarse de anabolizantes, poseer cuerpos colosales de tamaño y renunciar a la gracia, e Inés López, la madrileña de 22 años que se clasificó para la final del viernes (21.30), admira a Valarie, y sus pendientes de perlas, y ha empezado también a hacer baile, y en la jaula de Birmingham una mañana en la que el sol de una ola de calor anunciada en las West Midlands británicas empieza a achicharrar la jaula, hace danzar como nunca su 1,80m y sus 75 kilos, y hace el mejor lanzamiento de su vida, 61,45m, a solo 44 centímetros del récord nacional de Sabina Asenjo que ya ha cumplido 10 años. “No hay estereotipos en el atletismo. Cada una llega con sus características y compite”, dice, y a su lado, compitiendo, lanzando 60 metros y clasificándose también, está la francesa Mélina Robert Michon, de 47 años, que ya fue medallista mundial júnior hace 28 años, y plata en los Juegos de Río 16. Y habla casi como una proselitista del atletismo de lanzamientos, convencida de la bondad de su mensaje, de su sinceridad. “Me hace muy feliz de que el sector de lanzamientos del atletismo femenino español esté tan pujante”, dice. “Ojalá yo sea para chicas más jóvenes lo que es Valarie para mí, un ejemplo para que se animen a practicarlo”.

Inicios en la escuela de Jorge Gras en Majadahonda, por donde también ha pasado Diego Casas, finalista en disco masculino. Estilo norteamericano después, desde que en 2021, nada más terminar bachillerato, se fue a universidades del imperio. Primero Kentucky, luego Arizona, donde se graduó en marketing, una diablesa al sol que construye su técnica y su cuerpo poco a poco entrenada por Turner Washington y Marcus Makovicka. Rota alternativamente en cada pie, lanza equilibrada y saca raudo el brazo, un látigo. Hace un año ganó el Europeo sub-23. Hace dos meses, fue tercera en los campeonatos universitarios de Estados Unidos. “Soy muy española”, dice la atleta, que en Navidades y en verano, se entrena con Frank Casañas, escuela cuba, siempre el ritmo, en Pontevedra. “Pero una parte de mí pertenece a Estados Unidos y Valarie es mi máxima referencia, no solo como atleta, sino en todo, a todos los niveles”.

En la locura competitiva del sistema universitario estadounidense, de marzo a junio conferencias regionales y finales, Inés López se ha fogueado compitiendo todos los fines de semana. Habituada al desierto de Arizona, no le molesta el calor ni le asusta la transformación del paisaje que han provocado la sequía y el calentamiento global. Y asume como un trámite las calificaciones de tres intentos, uno de los trámites más temidos por todos los atletas de concursos. “Al fin y al cabo para esto me vale mi experiencia en Estados Unidos, donde siempre hay previas”, dice, y cuenta que ha sonreído cuando ha visto que su primer intento fue nulo. “Siempre me sale así, y siempre el segundo es el mejor”.

Aunque el disco en Europa no alcanza el nivel de Estados Unidos, con varias atletas rondando los 70 metros, la competencia en la final será dura. La encabeza la fenomenal holandesa Jorinde van Klinken –“hace lo que quiere, es espectacular, qué brazo”, dice Inés López--, una superdotada de 26 años que tiene una mejor marca de más de 70 metros y ya fue medallista de plata en lanzamiento de peso. Y también se encontrará con otra neerlandesa, Alida van Daalen, un año mayor que ella, la lanzadora que representando a la Universidad de Florida se llevó el oro en la última final universitaria.

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