El sábado 25 de julio, a las dos de la madrugada, Virginie Sans estaba de vacaciones en Bretaña, al norte de Francia, con su marido y su hijo menor, cuando recibió una llamada de su otra hija, de 17 años. Estaba sola con dos amigas en la casa familiar en Esynes, municipio a ocho kilómetros de Burdeos, y acababa de recibir un mensaje en su teléfono de la prefectura (delegación de Gobierno) de Gironda: “Evacuación urgente Esynes. Posibilidad de acogida en el parque de exposiciones de Burdeos. Hall 3”. Sans y su marido hicieron las maletas y condujeron toda la madrugada para llegar al amanecer al parque de exposiciones, donde ya les esperaba su hija.
Los integrantes de esta familia forman parte de los 220.000 evacuados en el mayor incendio que ha vivido Francia en tiempos de paz, el que ha arrasado en cinco días 42.000 hectáreas en este departamento del suroeste de Francia. Las llamas han llegado a estar a 20 kilómetros de la ciudad de Burdeos. Las autoridades lo han descrito como un fuego XXL, un fenómeno inédito. Se desató el miércoles 22 de julio y en 24 horas ya había obligado a desalojar muchos municipios costeros de la turística zona de Cap Ferrer, cerca de la popular y pintoresca bahía de Arcachón.
Este incendio, el más virulento desde el de 1949 en Las Landas, en el que murieron 89 personas, ha puesto en jaque a todos los sistemas de emergencias y al propio Gobierno francés, acusado de no haber anticipado con tiempo las consecuencias del cambio climático, que se están sufriendo de manera muy visible este verano: con todo el mes de agosto aún por delante, el país ya ha padecido cuatro olas de calor de una intensidad desconocida y con temperaturas récord, así como violentos fuegos. En lo que va de año se han quemado 117.000 hectáreas, más de 10 veces la superficie de París. La peor temporada de incendios de la historia del país.
Una dotación de bomberos trabaja en la extinción de los últimos rescoldos de un incendio en un bosque de Lege-Cap-Ferret, en el departamento francés de Girdonda, este sábado. Yves Herman (REUTERS)“Estamos ante una situación climática excepcional, con olas de calor intenso y precoces, y con fuegos que no habíamos visto antes; todo ello vinculado a una aceleración del cambio climático”, explica a este periódico la ministra delegada de Asuntos Exteriores, Éléonore Caroit. En las últimas semanas se han registrado de media entre 30 y 40 nuevos focos diarios.
Este sábado, semana y media después de que se declarase el incendio, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció que este había sido controlado, aunque aún quedan numerosos focos activos. “Controlado no significa que esté apagado, pero no progresa”, matizó la prefecta del departamento Gironda, Sophie Brocas, antigua periodista en zona de conflicto y una de las figuras fuertes de esta crisis.
El fuego ha sido inédito, así que el dispositivo de evacuación ha sido también extraordinario. “Muchas de las evacuaciones se han hecho de manera preventiva, porque desde el principio la prioridad era que no hubiera ninguna pérdida humana. La dirección del viento era muy cambiante y teníamos que asegurarnos de que no hubiera viviendas ocupadas en las zonas a las que se dirigía”, explica Éléonore Caroit.
Los momentos más difíciles se vivieron el pasado fin de semana, cuando las llamas fuera de control se aproximaban a la periferia de Burdeos y se tuvieron que evacuar pueblos a una veintena de kilómetros. Días antes, los turistas habían salido en barcos con sus maletas de los municipios costeros más turísticos, como Lège-Cap-Ferrat. El dispositivo ha sido excepcional: 3.300 bomberos, 1.500 militares y 1.470 gendarmes, estos últimos para ayudar en las evacuaciones. Más de 6.200 efectivos apoyados por 23 medios aéreos.
“Esta es la mayor operación de extinción de incendios en la historia moderna de la protección civil. Hemos movilizado a 3.300 bomberos, una cifra sin precedentes, además de 24 aeronaves, la mitad de las cuales procedían de países europeos en el marco del mecanismo de solidaridad de la UE, incluido el A400M [un avión militar], que se desplegó en la Gironda por primera vez en su historia”, recordó Brocas el sábado.
Medios insuficientes
Las autoridades presumen del despliegue mientras los bomberos siguen denunciando medios insuficientes y malas condiciones laborales. Bruno Menard, presidente del sindicato de bomberos voluntarios de Francia, asegura a este periódico que cada año se enfrentan al mismo problema: escasez de medios y falta de anticipación a estas catástrofes cada vez más frecuentes. “El Estado y las regiones han decidido dejar de lado la seguridad civil y solo nos damos cuenta cuando pasa algo así. Estamos en 2026 y no tenemos medios, ni personal ni vehículos, para hacer frente a esto. Hace años que la situación es dramática y cada verano lo vemos, pero nadie lo quiere entender”, denuncia.
Francia cuenta con 258.641 bomberos, de los cuales 44.000 son profesionales, unos 13.000 son militares y más de 200.000 son bomberos voluntarios, el 78%, según cifras del Ministerio del Interior. Los segundos compaginan esta labor con otro empleo y trabajan por las noches, fines de semana o en vacaciones. Unas 100 horas al mes de media, a entre 8 y 12 euros la hora, según Bruno Menard.
El dispositivo es insuficiente para luchar contra estos fuegos XXL sin ayuda europea. “Sin la solidaridad internacional, habría sido dramático. Si hemos podido contenerlo, ha sido en parte gracias al Mecanismo de cooperación europea y a la ayuda de otros Estados miembros, porque hoy ningún país tiene la capacidad de responder solo a este tipo de fenómenos”, señala Éléonore Caroit.
Imagen aérea de los efectos del fuego en Le Temple, Gironda, el pasado miércoles.Yves Herman (REUTERS)A los 3.300 bomberos desplegados en el frente de fuego, se han sumado en los últimos días los agricultores de la zona, residentes y voluntarios que han tratado de ayudar a contener las llamas, llevando cisternas de agua en sus camiones o tractores. “La situación nos da miedo porque estos incendios tan virulentos se han producido cuando no ha acabado el mes de julio. El año pasado, el más grande fue a mediados de agosto. Esto quiere decir que lo más duro está por venir”, sospecha Menard.
A las cinco de la tarde del viernes salieron los últimos evacuados del parque de exposiciones de Burdeos, donde hace una semana había 10.000 desalojados. De los 220.000 evacuados, 208.000 han sido autorizados a volver a sus casas, o lo que queda de ellas. A Le Porge, al oeste de Burdeos, pertenecen 184 inmuebles del total de los 240 destruidos por el incendio. Unos 700 vecinos de los 3.400 que tiene el municipio han decidido crear un colectivo y presentar una demanda penal contra el Estado para exigir responsabilidades. Denuncian que se les evacuó dos días después de que se iniciara el siniestro, cuando ya era tarde, y que los recursos se destinaron a otros municipios más exclusivos de la zona.

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