Ferran Torres acaba con el “manco” argentino, Dibu Martínez. “He sido muy criticado, pero el destino estaba escrito”

hace 2 semanas 24

Ferran Torres era un hombre angustiado el día dos del Mundial. No le cabía la ansiedad en el cuerpo cuando el árbitro fue a consultar al VAR para ver si le validaba un gol ante Arabia Saudí. España ya ganaba 4-0, así que era una cuestión casi exclusivamente personal. Uno de los más discutidos de la Roja necesitaba un refuerzo, un do de pecho que lo impulsara en medio de su propia neblina. Pero no, recibió lo contrario: la deliberación del colegiado dejó sin tanto al azulgrana, tan necesitado de cosas buenas que llevarse a la boca.

Después de haber sido titular en el primer duelo, con Cabo Verde, porque todavía Lamine Yamal no estaba disponible de inicio por la lesión, esa tarde cayó a la suplencia, de donde ya no saldría el resto del torneo. De la Fuente, eso sí, un entrenador y un tipo de fe, siempre tiró de él como recambio y en la final, en el minuto 61, sustituyó a Mikel Oyarzabal, perdido en la selva defensiva argentina.

La Albiceleste iba descontando minutos en su aspiración de alcanzar la tanda de penaltis después de sembrar de cepos el césped, hasta que un centro al segundo palo de Pedro Porro le abrió el paraíso a Ferran Torres. La pilló por arriba Nico Williams, la dejó atrás y, con la defensa descuajeringada tras la expulsión de Enzo Fernández, apareció como un tiburón Ferran. Tiburón, así se le conoce. Y de eso ejerció. Ya para los restos.

“He sido muy criticado en el Mundial, pero el destino estaba escrito. Dios le da las cosas a quien más se lo merece. Ha sido un Mundial duro a nivel personal. Soy creyente”, reaccionó el héroe de New Jersey. “Es el gol de 47 millones de españoles. Todas las finales son difíciles, teníamos a Messi enfrente. Pero siempre hemos dependido de nosotros mismos”, analizó a punto de atrapar el trofeo. Si la gloria se juzga por los goles mundialistas: Iniesta y, a su lado, él. Dos carreras, dos estatus y un mismo destino en la cumbre del planeta. “La vida es justa”, indicó su valedor De la Fuente. “A quien trabaja, cae y se levanta, siempre le devuelve algo. Ha pasado a la historia”.

Vista del gol de Ferran. Matt Slocum (AP)

Su disparo fue el número 20 de España. Una larga y paciente tarea de demolición que, al fin, fulminó la resistencia personalizada en Dibu Martínez. El meta se había roto un dedo de la mano derecha hace dos meses, en el calentamiento de la final de la Europa League que su equipo, el Aston Villa, iba a disputar contra el Friburgo. Le entablillaron la zona, jugó y levantó el título, pero varios especialistas le advirtieron de que debía operarse, lo que suponía una baja de seis semanas y perderse la fase de grupos. A lo que se negó en redondo. Así que tiró hacia adelante y confío en que el tiempo fuera soldando la fractura. “Estés como estés, yo te quiero en el equipo en el Mundial”, le transmitió Lionel Scaloni. A dos días del estreno, todavía se tiraba con una mano. “Parecía manco”, confesó el portero en la previa de la final.

Con los dos centrales lesionados (Cuti Romero y Lisandro Martínez), y con uno menos después de la doble amarilla a Enzo, el equipo de Scaloni ya no tenía más agarradero que él, autor de 11 paradas ante España, la mayor cantidad en una final desde, al menos, el Mundial 66. Hasta que Ferran Torres se levantó de la nada en el minuto 105.

Fue el primer tanto del delantero en el Mundial, aunque ya había dejado unas migas de camino a la final. En los octavos ante Portugal, había asistido a Mikel Merino en el gol agónico que inclinó a los lusos y en la final contra Argentina quedó para siempre en los libros de historia. Después de todas sus tribulaciones, de todos sus sofocos, de todos sus ruegos para que el árbitro le diera por bueno un quinto tanto ante Arabia Saudí en la jornada dos del Mundial, irrumpió para destronar a Argentina y elevar a la Luna a otra España eterna.

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