El Athletic se estrelló contra el muro osasunista, que con la defensa diezmada, utilizó a todos sus efectivos en la vigilancia fronteriza. Y le salió bien. Nadie pasó por allí. El equipo bilbaíno ha regresado del parón mundialista con la pólvora mojada, pero para quienes quieren ver las cosas de manera positiva, tampoco ha encajado ningún gol en los dos partidos que ha disputado desde la reanudación del campeonato liguero.
Saltó Osasuna a San Mamés con una zaga de circunstancias frente al Athletic, prácticamente con lo puesto y algún añadido del filial, y sufrió durante toda la primera parte los puñales que clavaba el equipo bilbaíno, muy vertical por las bandas, pero reprimido en el remate. Eso se tradujo en media docena de situaciones apuradas en el área, que o resolvió bien Aitor Fernández, o culminaron mal los delanteros rojiblancos, que de todo hubo, aunque más de lo segundo. Los Williams, que se alternaban, le comieron la tostada a Diego Moreno, debutante en la Liga a los 21 años. Robaron unos cuantos balones peligrosos para nutrir a Guruzeta, o a quien pasara por allí, pero fallaron los envíos, que rara vez encontraban rematador.
El Athletic proponía y Osasuna, sin presencia en campo rival, aguantaba el chaparrón como podía. Sancet tuvo la primera en un contragolpe que descosió a los navarros, pero eligió mal a la hora de poner la pelota. Más tarde, entre De Marcos y Nico Williams enredaron en la banda derecha, y el centro lo atajó estirándose Aitor.
Sancet, especialmente motivado ante sus paisanos, le hizo un roto a Aridane, desastre total, que acabó con disparo de Nico Williams por encima del larguero. Un minuto más tarde, Guruzeta cazó la primera después de una acción de Yuri, y Aitor detuvo su disparo.
Con Zarraga en la sala de máquinas, fue un monólogo bilbaíno el de la primera parte, y lo mejor que le pasó a Osasuna fue marcharse con el casillero sin inaugurar.
En la segunda parte, Osasuna le puso cemento a su área. Después de las dificultades del primer periodo Arrasate blindó la zaga enviando a todo su equipo hacia atrás, y con un regimiento metido en la cueva, al Athletic le costó más crear oportunidades potables. Valverde buscó soluciones con Muniain y Berenguer para encontrar los espacios que los navarros le negaban, y en los minutos finales utilizó a Raúl García y después a Villalibre.
Aumentó la temperatura con las llegadas constantes por las bandas, pero faltó el remate de los rojiblancos, que se empeñaron pero no pudieron con la feroz resistencia de Osasuna, que en su única llegada de la segunda mitad, ya con el reloj rozando el minuto 90, tuvo la ocasión más clara para llevarse los tres puntos, en un balón que sacó Unai Simón lanzándose a los pies de Manu Sánchez, que estuvo a centímetros de llegar antes que el guardameta del Athletic. Son las cosas del fútbol. Al final, los navarros regresaron a Pamplona con un punto muy trabajado.
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hace 3 años
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