De Ceuta al Río Grande: las barreras flotantes que España y EE.UU. usan contra los migrantes

hace 6 horas 47

España y Estados Unidos están recurriendo a una estrategia fronteriza semejante: colocar barreras flotantes en el agua para impedir que los migrantes lleguen nadando a sus territorios.

La comparación cobró fuerza este sábado 1 de agosto, cuando España comenzó a desplegar una estructura de 500 metros junto al espigón del Tarajal, en la frontera marítima entre Ceuta y Marruecos. La decisión fue tomada después de una llegada masiva durante la cual unas 50,000 personas cruzaron o intentaron cruzar la frontera y al menos 67 murieron.

A miles de millas de allí, el gobierno de Estados Unidos desarrolla un proyecto mucho más extenso sobre el Río Grande, también llamado Río Bravo. La administración de Donald Trump prevé colocar más de 500 millas de grandes boyas conectadas a lo largo de la frontera entre Texas y México.

Aunque las estructuras no son idénticas, las dos parten de la misma lógica: convertir el agua en una prolongación de las barreras terrestres.

Comparación de las barreras flotantes instaladas en Ceuta y en el Río Grande para frenar cruces de migrantes.Comparación de las barreras flotantes instaladas en Ceuta y en el Río Grande para frenar cruces de migrantes.Crédito: Imagen creada con AI | Impremedia

Cómo funciona la barrera instalada en Ceuta

La estructura española fue colocada frente a uno de los principales puntos utilizados por quienes intentan entrar a Ceuta nadando o rodeando el espigón que separa el territorio español de Marruecos.

El sistema combina una barrera neumática con una línea de boyas ancladas proporcionadas por la Armada española. La parte flotante sobresale entre 30 y 70 centímetros sobre el agua y se prolonga hasta un metro por debajo de la superficie. Entre las dos líneas existe un canal para que las embarcaciones de la Guardia Civil puedan patrullar la zona.

Su objetivo no es cerrar toda la costa de Ceuta, sino dificultar el paso alrededor del espigón del Tarajal, donde se concentraron numerosos intentos de ingreso durante la crisis fronteriza.

La instalación también responde a una reciente sentencia del Tribunal Supremo español. El fallo limitó las devoluciones inmediatas de quienes son interceptados en el mar antes de superar una barrera física. Al colocar un elemento de contención acuático, el gobierno pretende extender al mar el concepto jurídico de frontera material.

Puedes ver: ¿Puede repetirse en EE.UU. una llegada masiva como la de Ceuta? Qué dicen los expertos

El proyecto estadounidense comenzó en Texas

El antecedente más directo se encuentra cerca de Eagle Pass, Texas. En julio de 2023, el gobierno estatal de Greg Abbott colocó aproximadamente 1,000 pies —unos 305 metros— de boyas esféricas conectadas y ancladas al fondo del Río Grande.

Texas presentó la barrera como parte de la Operación Lone Star y aseguró que serviría para disuadir los cruces fuera de los puertos de entrada. El Departamento de Justicia del gobierno de Joe Biden demandó al estado, al sostener que había instalado una obstrucción en un río navegable sin la autorización federal exigida. También señaló riesgos para la navegación, la seguridad pública y las relaciones con México.

En 2024, una corte federal de apelaciones permitió que la estructura permaneciera mientras continuaba el litigio. Los jueces consideraron que el gobierno federal no había demostrado, en esa etapa preliminar del proceso, que el tramo afectado reuniera las condiciones necesarias para justificar la orden de retirar las boyas.

Trump convirtió las boyas en un proyecto federal

Lo que comenzó como una iniciativa de Texas fue adoptado posteriormente por el gobierno federal. El 7 de enero de 2026, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, anunció la colocación de más de 500 millas de barreras flotantes en el Río Grande. En ese momento, aproximadamente 130 millas ya estaban contratadas y comenzaba la instalación de los primeros segmentos.

El plan contempla alrededor de 536 millas entre el Golfo de México y distintos puntos del sur de Texas. El primer tramo construido cerca de Brownsville tiene unas 17 millas y forma parte de un proyecto que supera los $1,000 millones en contratos.

Las boyas federales son distintas de las instaladas inicialmente por Abbott. Son estructuras cilíndricas que pueden medir entre 12 y 15 pies de largo y aproximadamente entre cuatro y cinco pies de diámetro. Se conectan en cadenas y quedan sujetas al fondo del río.

El Departamento de Seguridad Nacional las presenta como parte de un “muro inteligente” que combina obstáculos físicos, cámaras, iluminación, caminos para patrullas y tecnología de detección.

Una diferencia de escala entre España y Estados Unidos

La principal diferencia está en la magnitud. La barrera de Ceuta tiene 500 metros y protege un punto muy específico de la costa. El proyecto estadounidense podría cubrir cientos de millas de un río que atraviesa ciudades, tierras agrícolas, refugios naturales y comunidades fronterizas.

También son distintos los entornos. En Ceuta, la estructura está sometida a corrientes marítimas y oleaje. En Texas, las boyas deben soportar los cambios de caudal, sedimentos y crecidas repentinas del Río Grande.

Especialistas consultados sobre el proyecto estadounidense advirtieron que una cadena tan extensa podría modificar el flujo del agua, acumular materiales, agravar inundaciones o alterar el curso del río, lo que además podría provocar disputas con México. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza afirmó que las barreras fueron diseñadas para resistir una inundación de una magnitud que estadísticamente ocurre una vez cada cien años.

Más de 100 boyas se soltaron durante una crecida

Esos riesgos dejaron de ser solamente hipotéticos en julio de 2026. Más de 100 boyas federales se desprendieron durante una crecida del Río Grande y comenzaron a desplazarse río abajo cerca de Eagle Pass. Las autoridades cerraron temporalmente dos puentes internacionales mientras evaluaban si las estructuras podían golpear las instalaciones o impedir el tránsito. No se reportaron heridos ni daños estructurales.

El incidente ocurrió apenas dos semanas antes de que España instalara su propia barrera marítima y mostró una de las dificultades de utilizar estructuras flotantes en fronteras naturales: deben detener personas, pero al mismo tiempo resistir fuerzas del agua que pueden ser imprevisibles.

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Las críticas humanitarias son similares

Las autoridades españolas y estadounidenses sostienen que estas barreras desalientan cruces peligrosos y dificultan el trabajo de las redes de tráfico de personas.

Sin embargo, organizaciones humanitarias y ambientales cuestionan que las estructuras impidan realmente la migración. Advierten que pueden empujar a las personas hacia rutas más largas, alejadas y peligrosas, en lugar de eliminar los intentos de cruce.

En el caso de Texas, el Departamento de Justicia señaló desde 2023 que las boyas generaban preocupaciones humanitarias y de seguridad. México también protestó por la instalación y cuestionó que partes de la estructura se encontraran en aguas de su territorio.

En Ceuta, las críticas se concentran en la posibilidad de que los migrantes intenten rodear la nueva barrera y se internen más en el mar. La estructura tampoco elimina el derecho de una persona a solicitar protección internacional, aunque puede dificultar que llegue a un lugar donde pueda formalizar su pedido.

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