Ansu Fati finalizó el duelo ante al Dinamo y pasó por el vestuario, pero mientras el resto de sus compañeros se marcharon a sus casas, él se quedó en el Camp Nou y se trasladó hasta las oficinas del club, donde lo esperaban sus padres y su representante, Jorge Mendes. La plana mayor del Barcelona, liderada por el presidente Joan Laporta, el vicepresidente económico, Eduardo Romeu, y el director de fútbol, Mateu Alemany, también se sumó al encuentro. Era una noche importante para el Barça. Fati, el canterano que heredó el 10 de Messi, renovó su contrato hasta 2027 y tendrá una cláusula de rescisión de 1.000 millones.
La semana pasada, el Barça había atado a Pedri. Ayer era el turno de Fati. “Dream Teen” (sueño adolescente), proclamó. En diciembre de 2019, cuando apenas asomaba la cabeza en el Camp Nou, el canterano había firmado su último vínculo. Entonces, asesorado por Rodrigo Messi (hermano del excapitán azulgrana), pactó un contrato hasta 2022, con opción de estirarlo por dos temporadas más. Pero el Barcelona no quiso hacer uso de esa opción. La dirección deportiva quería un nuevo contrato para Ansu Fati, piedra angular de los nuevos tiempos
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hace 4 años
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